UNIDAD
Principio y
Practica
El principio de la
unidad y el valor de su acción, resulta un arduo trabajo en una sociedad que
antepone el individualismo, suma la competencia y resta los intereses
colectivos.
En armonía con los demás valores de unidad, fomento
mi interés sobre el moribundo “concepto” de unidad social, que resulta aún difícil
de encontrar su fórmula química y pueda lograr una vendimia del bien común. Mi
intención es despertar y promulgar la práctica de unidad en nuestra comunidad
empezando por los valores nobles del respeto, solidaridad y tolerancia, para
construir una comunidad progresista y productiva.
La unidad como medida
es una cantidad, constante e inalterable, expresa singularidad en número (uno),
no puede dividirse sin que su esencia se destruya, o pierda su funcionalidad.
En términos personales, de la misma manera esta funcionalidad debería aplicarse
en vuestra existencia, como un conjunto de valores morales que exprese el reflejo
de una paz y la armonía que habita en nuestro yo interior y se proyecte al
entorno social, solo si se logra alcanzar este estado místico. Dicho esto, no
se puede predicar la unidad sin paz y estar en conflicto emocional. La unidad
se mantiene al concentrar energía y dirigir el pensamiento.
Para entrar en
materia que nos concierne; en nuestro sistema social, La unidad
organizacional carece de un principio de valores, ingrediente principal en cada
persona o “lideres” quienes predican la unidad de una comunidad, por ende tiene
la leve intención de tomar forma y desmayan al sonar las trompetas de la
vanidad, el protagonismo y el cumplimiento de los interese personales,
destruyendo así la armonía entre las personas de un grupo, desconocen el
aceptar y apreciar el valor de la rica indumentaria de los participantes y la
contribución única que cada uno puede hacer y al permanecer leal no sólo el uno
al otro sino también a la tarea. La estabilidad de la unidad proviene del
espíritu de igualdad e identidad, de los valores nobles personificados en los
principios universales fundamentales. La grandeza de la unidad es que se
respeta a todos.
La unidad organizacional
se construye a partir de una visión compartida, una esperanza anhelada, un fin
altruista o una causa para el bien común, dando sustento, fuerza y valor para
hacer que lo imposible se haga posible. Junto con la determinación y el
compromiso, la unidad hace que la tarea más difícil parezca fácil, crea la
experiencia de cooperación, aumenta el fervor y el entusiasmo por la tarea y
hace que el ambiente sea poderoso y facilitador.
Una reunión carece de unidad mientras no haya armonía
dentro del propio ser y entre las personas del grupo. Así como un músico
necesita ensayar a solas con su instrumento antes de formar parte de una
orquesta sinfónica, la persona necesita soledad para estar en contacto con su
capacidad, su potencial y su especialidad antes de unirse al grupo. Para que
haya eficiencia individual, se necesita que haya claridad y limpieza en las
motivaciones e intenciones. Mirar hacia el interior ayuda a armonizar
pensamientos, palabras y acciones.
De la misma manera, un grupo se vuelve dulcemente armonioso cuando cada
persona adopta el poder de acomodar las capacidades y especialidades de los
demás; las entona con el propio ser, y luego se combina con el grupo. La unidad
se mantiene al concentrar energía para dirigir el pensamiento, al aceptar y
apreciar el valor del conjunto de participantes y permanecer leal no sólo uno
al otro sino también a la tarea. Este enfoque positivo construye gradualmente
un “crescendo” a medida que se experimenta la unidad en la diversidad e inspira
un compromiso personal más fuerte y un logro colectivo mayor.
Causas de la falta de unidad.
Una muestra de descortesía puede causar una ruptura en
la unidad. Interrumpir a los demás, criticarlos de forma destructiva y
prolongada, vigilar les o controlarles son acordes estridentes que golpean
duramente los vínculos y las relaciones. El ego y la inferioridad producen distorsiones
cognitivas; los celos y el sentimiento de exclusión nos vuelven opositores a un
objetivo común. A veces, por detalles insignificantes o percepciones propias
las personas se vuelven agresivas, se disgustan, se enojan o se ponen
violentas; entonces se desintegran en pequeños grupos, provocando oposición y
conflictos que a la larga terminan por desparecer porque carecen de un
sentimiento; la solidaridad.
El individuo no puede, debe ni quiere permanecer
aislada, el sentimiento de pertenencia es una necesidad básica de la humanidad,
de formar parte de un todo unificado. Por tanto, forma parte del instinto
humano el querer estar juntos y formar agrupaciones naturales o estructurar
reuniones que proporcionen una plataforma común para propósitos colectivos.
Consciente o inconscientemente, elegimos estar juntos para actuar juntos. Sin
embargo en algunas ocasiones aflora más nuestra naturaleza de maldad cuando
esta formación de unidad, contribuye al destruir un buen principio o intenciones de servicio, como personas
omitimos variables funciones de sinceridad y clara visión de un objetivo común,
por sobreponer el arribista lado del protagonismo y vacío personal.
Cuando se ven a los hermanos como “enemigos”, la energía vital se dirige
de manera equivocada y el hogar de la unidad se estremece constantemente. Como
resultado, la humanidad no ha podido sostener la unidad en contra de los
enemigos comunes: la envidia, el egoísmo, las guerras civiles, los conflictos
étnicos, la pobreza, el hambre. En este sentido la unidad carece de un
principio fundamental: el Liderazgo
El foco interno.
