miércoles, 8 de julio de 2015

UNIDAD
Principio y Practica

El principio de la unidad y el valor de su acción, resulta un arduo trabajo en una sociedad que antepone el individualismo, suma la competencia y resta los intereses colectivos.

 En armonía con los demás valores de unidad, fomento mi interés sobre el moribundo “concepto” de unidad social, que resulta aún difícil de encontrar su fórmula química y pueda lograr una vendimia del bien común. Mi intención es despertar y promulgar la práctica de unidad en nuestra comunidad empezando por los valores nobles del respeto, solidaridad y tolerancia, para construir una comunidad progresista y productiva.

La unidad como medida es una cantidad, constante e inalterable, expresa singularidad en número (uno), no puede dividirse sin que su esencia se destruya, o pierda su funcionalidad. En términos personales, de la misma manera esta funcionalidad debería aplicarse en vuestra existencia, como un conjunto de valores morales que exprese el reflejo de una paz y la armonía que habita en nuestro yo interior y se proyecte al entorno social, solo si se logra alcanzar este estado místico. Dicho esto, no se puede predicar la unidad sin paz y estar en conflicto emocional. La unidad se mantiene al concentrar energía y dirigir el pensamiento.

Para entrar en materia que nos concierne; en nuestro sistema social, La unidad organizacional carece de un principio de valores, ingrediente principal en cada persona o “lideres” quienes predican la unidad de una comunidad, por ende tiene la leve intención de tomar forma y desmayan al sonar las trompetas de la vanidad, el protagonismo y el cumplimiento de los interese personales, destruyendo así la armonía entre las personas de un grupo, desconocen el aceptar y apreciar el valor de la rica indumentaria de los participantes y la contribución única que cada uno puede hacer y al permanecer leal no sólo el uno al otro sino también a la tarea. La estabilidad de la unidad proviene del espíritu de igualdad e identidad, de los valores nobles personificados en los principios universales fundamentales. La grandeza de la unidad es que se respeta a todos.

La unidad organizacional se construye a partir de una visión compartida, una esperanza anhelada, un fin altruista o una causa para el bien común, dando sustento, fuerza y valor para hacer que lo imposible se haga posible. Junto con la determinación y el compromiso, la unidad hace que la tarea más difícil parezca fácil, crea la experiencia de cooperación, aumenta el fervor y el entusiasmo por la tarea y hace que el ambiente sea poderoso y facilitador.
           
Una reunión carece de unidad mientras no haya armonía dentro del propio ser y entre las personas del grupo. Así como un músico necesita ensayar a solas con su instrumento antes de formar parte de una orquesta sinfónica, la persona necesita soledad para estar en contacto con su capacidad, su potencial y su especialidad antes de unirse al grupo. Para que haya eficiencia individual, se necesita que haya claridad y limpieza en las motivaciones e intenciones. Mirar hacia el interior ayuda a armonizar pensamientos, palabras y acciones.
De la misma manera, un grupo se vuelve dulcemente armonioso cuando cada persona adopta el poder de acomodar las capacidades y especialidades de los demás; las entona con el propio ser, y luego se combina con el grupo. La unidad se mantiene al concentrar energía para dirigir el pensamiento, al aceptar y apreciar el valor del conjunto de participantes y permanecer leal no sólo uno al otro sino también a la tarea. Este enfoque positivo construye gradualmente un “crescendo” a medida que se experimenta la unidad en la diversidad e inspira un compromiso personal más fuerte y un logro colectivo mayor.

 .                               EL trabajo en Unidad, resulta mas fácil y rápido de lograr el objetivo.

Causas de la falta de unidad.

Una muestra de descortesía puede causar una ruptura en la unidad. Interrumpir a los demás, criticarlos de forma destructiva y prolongada, vigilar les o controlarles son acordes estridentes que golpean duramente los vínculos y las relaciones. El ego y la inferioridad producen distorsiones cognitivas; los celos y el sentimiento de exclusión nos vuelven opositores a un objetivo común. A veces, por detalles insignificantes o percepciones propias las personas se vuelven agresivas, se disgustan, se enojan o se ponen violentas; entonces se desintegran en pequeños grupos, provocando oposición y conflictos que a la larga terminan por desparecer porque carecen de un sentimiento; la solidaridad.
El individuo no puede, debe ni quiere permanecer aislada, el sentimiento de pertenencia es una necesidad básica de la humanidad, de formar parte de un todo unificado. Por tanto, forma parte del instinto humano el querer estar juntos y formar agrupaciones naturales o estructurar reuniones que proporcionen una plataforma común para propósitos colectivos. Consciente o inconscientemente, elegimos estar juntos para actuar juntos. Sin embargo en algunas ocasiones aflora más nuestra naturaleza de maldad cuando esta formación de unidad, contribuye al destruir un buen principio o  intenciones de servicio, como personas omitimos variables funciones de sinceridad y clara visión de un objetivo común, por sobreponer el arribista lado del protagonismo y vacío personal.
Cuando se ven a los hermanos como “enemigos”, la energía vital se dirige de manera equivocada y el hogar de la unidad se estremece constantemente. Como resultado, la humanidad no ha podido sostener la unidad en contra de los enemigos comunes: la envidia, el egoísmo, las guerras civiles, los conflictos étnicos, la pobreza, el hambre. En este sentido la unidad carece de un principio fundamental: el Liderazgo

El foco interno.

Para crear unidad en vuestra comunidad hay que comenzar por cambiar la conciencia individual. Esto requiere que el intelecto humano se aleje del conflicto y las confusiones —de manera progresiva durante un cierto lapso— para concentrarse en direcciones positivas. Tal foco interno no aísla al individuo, al contrario, hace lo opuesto: lo acerca a los demás, y en este acercamiento, en esa humanidad compartida, hay una fuerza colectiva para explorar y sostener una transformación fundamental y constructiva. Si tan solo logramos comprender, alcanzar y practicar este concepto sería más fácil lograr la unidad organizacional.